La Economía en una Lección: Lo que se ve y lo que no se ve
La Lección
Henry Hazlitt comienza su obra clásica con una premisa sencilla pero poderosa: El arte de la economía consiste en mirar no sólo a lo inmediato, sino a los efectos largos de cualquier acto o política; consiste en trazar las consecuencias de esa política no sólo para un grupo, sino para todos los grupos.
Nueve décimas partes de las falacias económicas que causan tanto daño en el mundo hoy en día son el resultado de ignorar esta lección. A menudo, los políticos y comentaristas se centran solo en los efectos inmediatos de una política, o en sus efectos sobre un grupo específico, olvidando los efectos secundarios y a largo plazo sobre el resto de la sociedad.
La Falacia de la Ventana Rota
Hazlitt utiliza el ejemplo de la ventana rota (originalmente de Frédéric Bastiat) para ilustrar este punto. Imagina que un gamberro lanza un ladrillo y rompe la ventana de una panadería. El panadero tiene que pagar 250€ para arreglarla. La gente que pasa murmura que, al fin y al cabo, esto es bueno porque da trabajo al cristalero.
Esto es lo que se ve: El cristalero recibe 250€ y puede gastarlos en otra cosa. La economía parece haberse estimulado.
Pero lo que no se ve es lo que el panadero habría hecho con esos 250€ si no hubiera tenido que arreglar la ventana. Quizás se habría comprado un traje nuevo. En ese caso, el sastre tendría 250€ más. Al romper la ventana, no se ha creado riqueza ni empleo neto; simplemente se ha desviado el gasto del sastre al cristalero, y el panadero (y la sociedad) es ahora más pobre porque tiene una ventana reparada en lugar de una ventana intacta y un traje nuevo.
Destruir bienes nunca incrementa la riqueza total de la sociedad.
Las Obras Públicas y los Impuestos
Este mismo error se aplica a gran escala con las obras públicas. A menudo se argumenta que construir un puente o una carretera "crea empleo". Si el puente es necesario para el tráfico, bien. Pero si se construye solo para "crear empleo", caemos en la falacia.
Lo que se ve son los obreros trabajando en el puente. Lo que no se ve es de dónde sale el dinero. Ese dinero viene de los impuestos. Cada euro gastado en el puente es un euro que se ha quitado a los contribuyentes. Ese dinero que los contribuyentes habrían gastado en comida, ropa, o inversiones privadas nunca se gasta. Por cada empleo público creado en el puente, se destruye un empleo privado en otro lugar. Hemos creado una cosa visible a costa de muchas cosas invisibles que nunca llegaron a existir.
Salvando a la Industria X
A menudo se pide al gobierno que salve a una industria en declive mediante subsidios o aranceles. Supongamos que la industria del carbón está muriendo. El gobierno la subsidia.
Lo que se ve es que los mineros conservan sus empleos. Lo que no se ve es que ese subsidio sale de impuestos a otras industrias más eficientes o a los consumidores, reduciendo su capacidad de gastar e invertir. Además, mantenemos capital y trabajo atrapados en una industria ineficiente en lugar de permitir que fluyan hacia nuevas industrias más productivas. A la larga, esto hace al país más pobre y reduce el nivel de vida general.
Precios Mínimos y Máximos
Cuando el gobierno intenta fijar precios (como el control de alquileres o salarios mínimos), ignora los efectos secundarios.
- Precios máximos (ej. alquileres): Desincentivan la construcción de nuevas viviendas y el mantenimiento de las existentes, creando escasez a largo plazo.
- Salarios mínimos: Si se fija un salario por encima del valor de mercado que produce un trabajador, el empleador simplemente no lo contratará. Lo que se ve son los trabajadores que ganan más; lo que no se ve son los que se quedan desempleados porque su productividad marginar es menor al salario legal.
Conclusión
La economía es el estudio de las consecuencias secundarias. Es fácil ver los beneficios inmediatos de una política para un grupo específico. Lo difícil, y lo necesario, es prever los efectos que esa política tendrá sobre todos los demás a largo plazo.
Como dice Hazlitt: "Los malos economistas presentan sus errores al público mejor de lo que los buenos economistas presentan sus verdades". La razón es que los errores suelen ser visibles e inmediatos, mientras que las verdades requieren razonamiento y mirar más allá de lo obvio.